Potencialmente una balacera como la que ocurrió en la ciudad de San Bernardino puede llegar a suceder en cualquier rincón del país.  En lo que va del año, ya se registraron 355 balaceras masivas.  Y este número puede, lamentablemente, incrementarse en el poco tiempo que tenemos de 2015.

Hasta ayer, la policía no quiso decir exactamente si el ataque de los dos individuos que provocaron el tiroteo en el Inland Regional Center estaba relacionado con los islamistas radicales del ISIS.  Solo manifestaban que era una balacera masiva con fatales consecuencias.

Sin embargo, el hecho, como quiera que se ve lo vea, es un acto terrorista.  Las dos personas dispararon indiscriminadamente, causaron estupor entre la gente y mataron a personas inocentes.  A mi parecer, es un ataque terrorista.

               

 

Lo triste de este episodio fatídico es que puede volver a ocurrir nuevamente debido a que los elementos que la propiciaron están latentes en nuestra sociedad.

Por una parte, como indiqué varias veces en otras oportunidades, en nuestro país es muy fácil comprar un arma de fuego de alto calibre.  En algunos estados, el control es mínimo; no hay una investigación minuciosa a la persona interesada en un arma letal, ni mucho menos existe un chequeo policial.

                Por otra parte, tenemos una población variada y de muchas ideologías religiosas.  La mayoría son personas responsables y respetuosas de las creencias de otros.  Sin embargo, existe también una cantidad de grupos fundamentalistas religiosos –cristianos, islamistas, budistas—, quienes consideran que su deidad es la única y verdadera.

                Hoy, un porcentaje pequeño de seguidores islámicos ven un peligro a su religión el progresismo de las sociedades occidentales.  Estas personas fundamentalistas, muchos de ellos jóvenes, creen hacer un favor a sus creencias al levantarse en armas y cometer atrocidades contra gente inocente.

                En este sentido, la mayoría de la gente musulmana y seguidores del Islam es gente buena y generosa.  Son unos cuantos los que hacen daño y comente atrocidades, como ocurrió el día miércoles en San Bernardino.

 

                Así, es necesario que de una vez por todas los representantes en el Congreso pongan de su parte e impongan restricciones a la compra de armas de fuego.  Este es el momento propicio para legislar una ley que no necesariamente prohíba portar armas, sino que haga más difícil la compra de estos armamentos.

                Por otra parte, la sociedad norteamericana en su conjunto tiene que hacer conciencia que estas balaceras y atentados son situaciones que incumben a individuos y no a grupos.  No podemos estigmatizar a toda una población de musulmanes por el error de unos cuantos.

 

 

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