La Tradición de los Reyes Magos

January 5, 2018

Esta tradición católica llegó a México y otros países de Latinoamérica después de la Conquista y se mantuvo durante el Virreinato, aunque poco a poco adquirió características locales que la modificaron y dieron pie a prácticas populares como la fastuosa construcción de nacimientos, partir la rosca y enviar una carta a los Reyes Magos. 

 En la tradición católica, la Epifanía, fiesta de la Iluminación, adoración de los Reyes o Día de los Reyes, celebra la visita de los magos de Oriente a Jesús después de su nacimiento. Santiago de la Vorágine, en La leyenda dorada, propone que este evento fue a los trece días de nacido Jesús, incluso comentó que treinta años más tarde, en esa misma fecha, fue bautizado por San Juan; mientras que en los Evangelios apócrifos se menciona que fue a los dos años, tras la circuncisión y presentación al templo.

Como se puede observar, existe contradicción en la tradición. No obstante, prevaleció la idea de que el suceso fue contemporáneo a la Natividad, tras la adoración de los pastores. Se trata de la revelación de Dios a todos los pueblos, pues los magos sabían de las profecías y la llegada del Redentor; se toma como la primera manifestación al mundo pagano de la existencia del Hijo de Dios hecho hombre. La importancia de este evento radica en que el Mesías inaugura una nueva era, abierta a todos los pueblos.

 Se cree que eran varios magos, una docena según los cristianos sirios y armenios; pero el suceso más aceptado es que fueron tres personajes que, guiados por una estrella, llegan hasta Belén (tras una parada en Jerusalén, en el palacio de Herodes) para entregar obsequios al Hijo de Dios. Se dice que al entrar al portal “vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo, 2:11), elementos que representan a Jesús como rey, Dios y mortal, respectivamente.

Según Herodoto, los magos eran originalmente una tribu meda que se convirtió en casta sacerdotal de los persas. Practicaban la adivinación, medicina y astrología. De la Vorágine comenta que sus nombres en hebreo fueron Apelio, Amerio y Damasco; en griego Gálgata, Malgalat y Sarathin; y en lengua latina, Gaspar, Baltasar y Melchior (Melchor).

 Al principio se les consideró como astrólogos que leían el futuro en las estrellas, pero la palabra mago adquirió el sentido peyorativo de brujo en los primeros tiempos del cristianismo. Tertuliano fue el primero en convertir a los magos en reyes, y en el siglo VI Cesáreo de Arlés adoptó esta propuesta, haciendo el cambio de los gorros frigios por las coronas. Ésta sería la representación conocida en Occidente que más tarde llegó a tierras americanas y que hoy podemos observar en diversos trabajos plásticos que se exhiben en los museos.

 Sus colores de piel y atuendos han cambiado, pues originalmente en Occidente representaban a las razas de Sem, Cam y Jafet, y ahora encarnan los colores del mundo: blanco, amarillo y negro, o blanco, moreno y negro. También es la representación de Europa, África y América, los tres mundos, alegoría que llegó al virreinato de Nueva España.

La fiesta de los Reyes Magos que se celebra el 6 de enero es un día especial en México, ya que tiene diversos significados. Recuerda la adoración de Jesús infante por parte de los Reyes y se trata de una conmemoración medular en la liturgia católica. De esta historia surgió la costumbre de ofrecer y recibir regalos, principalmente para los niños, quienes piden, mediante carta, el juguete deseado.

 También es el día en que aparece la deliciosa rosca de Reyes, manjar esperado en la merienda familiar y delicia monjil en la época virreinal, pues se dice que las religiosas solían festejar la noche de Navidad con cantos y buñuelos. Enseguida, venía la Epifanía con la llegada de los Reyes Magos y sus azucaradas roscas perfumadas de agua de azahar. Costumbre francesa desde 1311, que pasó a España y después a México, donde el haba se sustituyó por un Jesusito que originalmente era de plata dorada, muy pequeñito y coronado. Después lo vestían para llevarlo a bendecir el Día de la Candelaria. Cuentan que algunas personas se los tragaban para evitar tener que dar fiesta el 2 de febrero. Esos Jesusitos de plata se sustituyeron por los de porcelana que dicen venían de Japón y actualmente se hacen de plástico.

 En esa fecha, las benditas sores no se daban abasto para despachar los encargos que a través del torno les hacían los habitantes de la ciudad y sus contornos.

Existe otra versión reciente en la que se propone que el registro de la rosca que se acostumbra para este día no se ve con notoriedad sino hasta el siglo XX. Comienza a manifestarse tímidamente hacia 1911. Se dice también que esta tradición vino de España a México en los primeros años del virreinato. Lo cierto es que en España para estas fechas se come el “roscón”. A partir de entonces se hizo tradicional acompañarla con el sabroso chocolate, café, leche o hasta refresco para los paladares más audaces.

 No es fácil precisar cuándo se inició la costumbre de esconder en la masa de la rosca un Niño Dios de porcelana, pero por crónicas se sabe que la usanza de colocar una confitura o un haba en la rosca era muy antigua.

Quien encontraba el haba o el confite, estaba obligado espiritualmente a presentar el Niño Dios del Nacimiento de la casa en la iglesia cercana al 2 de febrero (llamado en México Día de la Candelaria)

          La celebración de los Reyes Magos tiene muchos siglos de historia. Esta tradición religiosa sigue vigente hasta nuestros días, en la cual niños de todo el país realizan una carta con todos sus deseos, se la entregan al paje real días antes de la llegada de los Reyes Magos y justo la noche antes, el 5 de enero, van a ver la cabalgata, les preparan en casa algo de comer, beber y comida y bebida también para sus camellos, quienes les ayudan a llegar a la casa de todos los niños del país.

          A la mañana siguiente, cuando los niños se levantan, se encuentran que tanto los Reyes Magos se han comido y bebido lo que le habían dejado y, a cambio, les han llenado el salón de regalos, en caso de que se hayan portado bien durante el año anterior, o un poquito de carbón si no se han portado tan bien.

          Esta bonita celebración no solo ocurre en nuestro país, sino que existen muchos otros que han adoptado este hábito para hacer a sus niños y adultos un poco más felices durante las fiestas de Navidad.

          Cada vez son más las ciudades y los países que, a veces llevados por la fiebre consumista, se apuntan a celebrar el Día de Reyes.

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