Bolivia dijo No

Ya son prácticamente 12 años desde que Evo Morales llegó al poder del Estado Plurinacional de Bolivia.  A pesar de que la Constitución le obliga a dejar la presidencia el próximo año, Morales se aferra a su voluntad de permanecer en el gobierno.

¿Por qué el Morales se rehúsa dejar el poder político de Bolivia? ¿Por qué Bolivia no logra encaminarse a un proceso democrático que le facilitaría el avance a una sociedad más organizada?

El mesianismo latinoamericano ha sido como una enfermedad psicosocial que ha afectado a muchos presidentes de la región y Bolivia no ha sido la excepción.  Una serie de personajes de la política de este país –en diversos de su periodo republicano— han  optado por este camino antidemocrático.  Estos líderes sienten que son los son los únicos que pueden resolver los problemas económicos y sociales de Bolivia.

El mesianismo ha debilitado la institucionalidad política de la sociedad boliviana.  En este sentido, la participación del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones de 2019 con la candidatura de Morales va a debilitar la institucionalidad democrática y política del país.

Lo paradójico del caso es que Morales fue quien propuso un plebiscito en 2016 para enmendar la Constitución de Bolivia y permitir que un presidente pueda reelegirse cuantas veces pueda; siempre y cuando el pueblo lo permita o lo desee a través del voto electoral.  En esa oportunidad, una mayoría del electorado boliviano le dijo No a otra reelección.

Sin embargo, el mal del mesianismo es parte de la figura del presidente boliviano.  Morales apeló a la máxima corte boliviana para que un grupo de magistrados –que no tienen autonomía propia ni son independientes a la influencia del Ejecutivo— decidieran el futuro electoral del presidente boliviano.  Los magistrados manifestaron que “jurídicamente” la participación de Morales en las elecciones de 2019 no viola los estatutos electorales de Bolivia.  Esta decisión fue un atropello a la democracia y una violación clara a la voluntad del pueblo.

Aquí no vamos a enjuiciar los logros de Morales en su gestión presidencial, especialmente en el campo social y económico.  Bolivia definitivamente ha cambiado con su arribo en el gobierno.

Sin embargo, otro periodo de cinco años va a ser contraproducente no solamente para el espacio que ha logrado dentro de la historia boliviana, sino también para el proceso democrático que ha emprendido desde su llegada al poder.

El MAS debe respetar la voluntad del pueblo y hacer a un lado la candidatura Morales-Linera para las elecciones de 2019.  La institucionalidad política es más importante que el mesianismo.  Bolivia dijo NO; Morales debe respetar el voto del pueblo.

                Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move.

               

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