Reforma en el deporte universitario

Aunque no lo crean, tanto como lo es la política, el deporte también tiene que ver con el poder.  En algunas circunstancias, los dirigentes se enfrentan en una lucha encarnizada para ostentar las riendas de una organización deportiva.

Los deportistas, por su parte, compiten por amor a la camiseta, pero también es una contienda reñida por llegar a lo más alto.  Los que llegan a la cima son premiados y son correspondidos con fama y mucho dinero, mientras los que pierden solo reciben el aprecio de haber participado, un abrazo, un beso en la mejilla y nada más.

                El March Madness o la “Locura de Marzo” de baloncesto universitario nos va a tener a todos los que nos gusta este deporte pegados al televisor.  Algunos, los más afortunados, tendrán la oportunidad de ver un partido o dos en vivo y dentro de los palacios deportivos.

Por mi parte, junto a miles de estudiantes y ex alumnos de la Universidad de California Irvine (UCI), estaré pendiente lo que hace mi equipo de baloncesto el viernes por la tarde.  Los Anteaters (osos hormigueros) estarán presentándose por segunda vez en este torneo de baloncesto universitario.  La primera vez lo hicieron en 2015 con el actual técnico Russel Turner y el liderazgo de Mamadou N´Diaye, un gigante camerunés de 7,6 pies de estatura.

Los comentaristas especializados especulan que UCI llegaría a ser la “cenicienta” del presente torneo.  Su contrincante esta vez será el equipo de la Universidad Estatal de Kansas, misma que está ubicada en el puesto 4to, mientras que los osos hormigueros de UCI en el 13ro de su grupo.

Aunque UCI gane, el futuro de sus jugadores no será de grandes oportunidades como los de la Universidad de Duke, Norte de Carolina, Virginia, entre muchos.  A pesar de que algunas de estas universidades elites deportivas no son académicamente de las mejores del país, sus equipos deportivos, especialmente futbol americano, baloncesto y beisbol, les traen millones de dólares en derechos de transmisión de televisión, entradas a los recintos deportivos, venta de artículos y otras ganancias.

En este caso, los estudiantes deportistas, quienes generan millones de dólares para su universidad, nunca son remunerados de acuerdo a las leyes laborales del país.  Solo son favorecidos con becas y la oportunidad de poder tomar parte de un equipo profesional a futuro.

En este sentido, el baloncesto universitario, como otros deportes, debería tener una reforma que beneficie a los deportistas universitarios.  Mientras los entrenadores de las cinco universidades elites de baloncesto ganan en promedio 6,688,235.00 dólares al año, un jugador estudiante estrella no gana un centavo.  No es justo.

                Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move.

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