Identidad nacional ante el mundo

En base a lo suscrito por una de las corrientes de la disciplina nuevas de las Relaciones Internacionales –específicamente el Constructivismo—, las políticas del gobierno están relacionadas a la configuración ideológica del Estado.

Es decir, en el caso nuestro y el de cualquier otro país, la identidad del Estado define el camino de nuestra política internacional en el mundo.

                Lo anterior, expresado en una forma coloquial y llevado a un contexto individual significaría lo siguiente: si somos maleducados, groseros o ventajosos, nuestra identidad con la gente tendría esas características.   Empero, si somos personas buenas, caritativas o ecuánimes, nuestra identidad mostraría esos atributos.

                Lo mismo sucede con los países/Estados.  Es decir, los países tienen identidades y tales identidades son el reflejo de una multitud de procesos que se gestan en su interior y en la sociedad.

                Después de la Segunda Guerra Mundial, la identidad de Estado Unidos se caracterizó por ser defensor de la democracia representativa, aunque hubo momentos en que los intereses económicos hizo que algunos de nuestros gobiernos alentaran y apoyaran gobiernos dictatoriales en otras regiones del mundo.

Durante la gestión del presidente Jimmy Carter, nuestro país se identificó con la defensa de los derechos humanos.  Internamente, los derechos civiles y una cultura por el respeto a los derechos fundamentales condenaron cualquier tipo de ultraje a las poblaciones vulnerables.

Luego nos caracterizamos por ser altamente favorecedores a la economía de mercado, particularmente durante los gobiernos de Ronald Reagan, las administraciones de los dos Bush y el gobierno de Bill Clinton.  En un periodo de más de 25 años, los grupos económicos dictaminaron la identidad nacional y la transmitieron alrededor del mundo a través de la política internacional.

En este mismo periodo, especialmente con gobierno de George W. Bush (hijo), el ataque terrorista alentó al nacionalismo y a las voces intolerantes del país.

Con el gobierno de Barack Obama, la identidad nacional se caracterizó por la ecuanimidad, la ética y especialmente por la justicia social.  Esas características positivas fueron el eje de la política internacional de la Administración Obama.

Sin embargo, con el gobierno de Trump nuestra identidad cambió rotundamente.  Ya no somos forjadores de los derechos humanos, tampoco tenemos una visión de economía de mercado, mucho menos una identidad ecuánime.  Por el contrario, nuestra identidad se identifica con el capitalismo salvaje, el racismo, la xenofobia y el totalitarismo.

Necesitamos un cambio interno para que nuestro país pueda reflejar otra imagen ante el mundo.  Los norteamericanos tenemos que hacer conciencia que, lo que desarrollamos internamente, afecta nuestra identidad hacia afuera.  En las elecciones de 2020 está en juego nuestra identidad.

                Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move.

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