We Must Act Now to Protect Our Oceans, Preserve Their Cultural Importance/ We Must Act Now to Protect Our Oceans

November 28, 2019

Preservar su importancia cultural

 

Cuando pienso en los lugares en los que he vivido y más he amado en mi vida, siempre han estado cerca del océano. Cuando era niña, mi familia vivía en las costas de El Sauzal, Baja California, una pequeña para pescadores y sus familias cerca del Valle de Guadalupe. Al crecer en este hermoso pueblo al que llamé hogar, mi familia vivía principalmente del alimento procedente del mar.

                En aquellos días, el marisco era abundante y mi comida favorita para desayunar eran los burritos de langosta y para el almuerzo o la cena siempre le pedía a mi madre que hiciera tostadas de ceviche. Mi comunidad en México se sustentaba principalmente de las labores de la industria pesquera. Los hombres del pueblo se iban durante meses a trabajar en barcos tan al norte como Alaska y tan al sur como Argentina. Recuerdo muy vívidamente que, junto con todas las otras celebraciones familiares, como quinceañeras y bautizos, generalmente había un funeral por alguno de los pescadores de mi comunidad que había muerto en el trabajo, el cual era extremadamente peligroso.

                También miro hacia atrás y recuerdo las hermosas experiencias y momentos que tuve con mi familia en la costa. Mi abuelo y yo solíamos pescar juntos en el muelle usando una lata de coca cola y un sedal porque era fácilmente disponible en ese momento. El mar estaba interconectado con mi comunidad; nos recreábamos en él, comimos los alimentos que nos proporcionaba y nuestro sustento dependía de ello. El océano era parte de quienes éramos y una parte inseparable de nuestra cultura. Y siempre había abundancia de pesca, como atún, langosta, abulón, almejas y mejillones.

                Sin embargo, esa abundancia ha desaparecido.

                Los ancianos de la comunidad donde crecí hablan sobre los días pasados cuando aún podían bucear en busca de langosta en nuestras costas y cómo es una pena que las generaciones más jóvenes hayan perdido ese recurso. Reflexionan sobre cómo desearían haber sabido que estaban haciendo daño al ecosistema oceánico y haber cuidado mejor esos recursos para protegerlos contra la sobreexplotación.

                Hablamos sobre cómo desearíamos poder hacerlo de nuevo y sobre cómo los jóvenes necesitan saber estas cosas y preocuparse por estos problemas para evitar el agotamiento adicional de nuestros recursos y hábitats oceánicos. Ahora más que nunca, somos conscientes de estos problemas apremiantes. La sobreexplotación no solo representa una amenaza para los ecosistemas de nuestro océano, sino que también la contaminación plástica y, lo más importante, el cambio climático, amenazan cada vez más nuestras aguas.

                El océano siempre ha estado tan profundamente ligado a nuestra familia, comunidad y cultura, que no puedo imaginar un mundo sin océanos saludables. Estoy usando el poder de mi voz, espero arrojar luz sobre la miríada de comunidades latinas en los Estados Unidos y en todo el mundo que dependen de nuestros océanos para su alimentación, trabajo y la continuación de las tradiciones culturales.

                Por estas razones, hago un llamado a todo el Congreso, independientemente de la geografía que representen, ya sea comunidades costeras o estados sin litoral, para proteger nuestros océanos. Todos necesitamos océanos saludables sin importar dónde vivamos. Nuestros océanos regulan nuestros patrones climáticos, nos dan lluvia y nieve para beber, regar nuestras cosechas y criar nuestro ganado.         Estamos tan profundamente interconectados con nuestros océanos, que es nuestra responsabilidad asegurarnos de proteger el recurso más valioso de la humanidad. Es hora de que actuemos por el bien de nuestros hijos y las generaciones futuras.

Maite Arce es la fundadora, presidenta y directora ejecutiva de Hispanic Access Foundation.

 

 

We Must Act Now to Protect Our Oceans, Preserve Their Cultural Importance

 

When I think about the places I have lived and loved most in my life, they have always been near the ocean. When I was a child, my family lived on the shores of El Sauzal, Baja California, a small settlement for fishermen and their families near el Valle de Guadalupe. Growing up in this beautiful town I called home, my family primarily lived off of food from the sea.

                In those days, the seafood was bountiful and my favorite thing to eat for breakfast was burritos de langosta and for lunch or dinner I would always ask my mother to make tostadas de ceviche. My community in Mexico was sustained primarily from jobs in the fishing industry. The men in town would leave for months at a time to work on boats as far north as Alaska and as far south as Argentina. I remember very vividly that along with all the other family celebrations such as quinceaneras and baptisms, there was usually a funeral for one of the fishermen in my community who had died on the job, which was extremely dangerous.

                I also look back and remember the beautiful experiences and moments I had with my family on the coast. My abuelo and I would often fish off the jetty together using a coke can and fishing line because that was what was easily available at the time. The sea was interconnected with my community; we recreated in it, we ate the food it provided, and our livelihoods depended on it. The ocean was a part of who we were and an inseparable part of our cultura. And there was always an abundance of seafood, including tuna, langosta, abalone, clams, and muscles.

However, that abundance has disappeared.

                The elders from my childhood community talk about the days past when they could dive for lobster off the shores of our community and how it is a shame that the younger generations have lost that resource. They reflect about how they wish they had known they were doing harm to the ocean ecosystem and how to have better cared for those resources to protect against overharvesting.

                We talk about how we wish we could do it all over again and about how young people need to know these things and care about these issues to avoid additional depletion of our ocean resources and habitats. Now more than ever, we are aware of these pressing issues. Not only does overharvesting pose a threat to our ocean’s ecosystems, but also plastic pollution and most importantly climate change, increasingly threaten our waters.

                The ocean has always been so deeply tied to our family, community and cultura, that I can’t imagine a world without healthy oceans. I’m using the power of my voice, I hope to shine a light on the myriad of Latino communities in both the United States and across the globe that depend on our oceans for their food, jobs, and the continuation of cultural traditions.

                For these reasons, I am calling on all of Congress — regardless of what geography they represent whether it’s coastal communities or land-locked states — to protect our oceans. We all need healthy oceans no matter where you live. Our oceans regulate our weather patterns, give us rain and snow to drink, water our food, and raise our livestock. We are so deeply interconnected with our oceans, that it is our responsibility to ensure we protect humanity’s most valuable resource. It’s time we act now for the sake of our children and future generations.

                Maite Arce is the Founder, President and CEO of Hispanic Access Foundation.

 

 

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