Caótica, frenética e impulsiva: la presidencia que tiene con los nervios de punta al mundo

January 10, 2020

WASHINGTON (The New York Times).- Como ni siquiera el Pentágono sabe si está llegando o se está yendo de Irak, nadie debería sentirse culpable por no entender la estrategia de Donald Trump en Medio Oriente.

A primera hora del miércoles, cuando en dos bases en Irak donde se encuentran tropas de Estados Unidos cayeron misiles iraníes como represalia al ataque de drones que la semana pasada mató al general más poderoso de Irán, la administración norteamericana intentó explicar su misión y sus objetivos en la región con una caótica combinación de declaraciones contradictorias, señales de enojo y mensajes cruzados.

El presidente que prometió repatriar las tropas estadounidenses de Medio Oriente ahora, en cambio, está enviando más. El Pentágono envió una carta diciendo que se estaba retirando de Irak, y después se retractó diciendo que fue un error. El Departamento de Estado habla de "desescalada", mientras Trump toca los tambores de guerra describiendo todas las maneras en que devastaría a Irán si el país del golfo les hiciera daño a más estadounidenses. Y como si esto fuera poco, el presidente se vio forzado a retirar su amenaza de atacar sitios culturales iraníes luego de que su propio secretario de Defensa dijera públicamente que hacerlo sería un crimen de guerra.

Del mismo modo, la explicación de la administración estadounidense para autorizar el ataque de la semana pasada fue variando en función del momento. Al principio, los funcionarios subrayaban que el general Qassem Soleimani, comandante de las fuerzas de seguridad y de inteligencia de elite de Irán, fue eliminado para evitar un ataque "inminente" que había podido cobrarse la vida de cientos de estadounidenses. Pero en los últimos días, Trump y otros funcionarios hicieron más hincapié en el castigo por los ataques pasados de Soleimani contra Estados Unidos.

"La comunicación fue simplemente horrible", dice David Lapan, un exvocero del Departamento de Seguridad Nacional en los comienzos de la administración de Trump que ahora integra el Bipartisan Policy Center. "Cambió todo el tiempo. Cuando hay en juego algo tan serio, se necesita una comunicación clara. Pero en cambio tenemos una comunicación contradictoria que se presta a confusión, de parte de una administración que ya tiene un déficit de confianza".

Cuando hay en juego algo tan serio, se necesita una comunicación clara. Pero en cambio tenemos una comunicación contradictoria que se presta a confusiónDavid Lapan, exvocero del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU.

Con Trump, gran parte del ejercicio de la presidencia es circunstancial: va a los tumbos como un autito chocador, de crisis en crisis, muchas de ellas auto provocadas, y casi sin detenerse para fijar un rumbo determinado, aunque sin carecer de energía y siempre dispuesto a embestir contra los otros. No importa si sus asesores intentan imponer un proceso ordenado, Trump prefiere gobernar por intuición, y a los asesores no les queda más que hacer los ajustes.

"Ese proceso caótico explica el caótico día después: explicaciones desprolijas de la amenaza, declaraciones públicas desorganizadas y acciones diplomáticas y militares demasiado veloces", dice John Gans, ex redactor de discursos del Pentágono y autor de un libro sobre la historia del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense. "Y podría decirse que limitó la efectividad de las políticas y provocó mayor riesgo para el país y el presidente".

Los funcionarios del gobierno niegan que haya mensajes contradictorios, y dicen que la estrategia de Trump en Medio Oriente se construyó en base a la protección de los intereses de Estados Unidos.

"Al final, nuestras políticas respecto de Irán tienen que ver con la protección y la defensa de la vida de los estadounidenses", dijo el martes el secretario de Estado, Mike Pompeo. "Sé que las acciones que hemos tomado no solo la semana pasada con el ataque contra Soleimani, así como la estrategia general que hemos implementado, han salvado vidas estadounidenses".

Nuestras políticas respecto a Irán tienen que ver con la protección y la defensa de la vida de los estadounidenses Mike Pompeo, secretario de Estado de EE.UU.

En cierto modo, el ataque contra Soleimani fue visto por los asesores de Trump como un correctivo de las decisiones pasadas del presidente de no contraatacar a Irán por varias provocaciones, decisiones que según su equipo fueron malentendidas en Teherán. En ese sentido, el ataque fue un intento de Trump para fijar una política más dura.

"El presidente se ha contenido mucho, y esa buena voluntad del presidente para abrir negociaciones con los iraníes -hay que recordar que se ofreció a hablar con ellos sin condicionamientos- fue tomada como una señal de debilidad", dijo el martes Robert C. O'Brien, su asesor de seguridad nacional. "Creo que ahora entienden que el presidente quería negociar. Se equivocaron mucho en la forma en que interpretaron esa moderación, que era admirable".

Pero a diferencia de Obama o de George W. Bush, que daban largos discursos explicando su posición respecto a las guerras en Medio Oriente, Trump rara vez se toma el tiempo se comunicar su pensamiento en profundidad. En cambio, a los estadounidenses les ofrece tuits provocadores o cortos extractos en los breves encuentros con la prensa, y deja que otros expliquen su estrategia.

La principal persona que ha dado explicaciones sobre el ataque contra Soleimani fue Pompeo, aunque se espera que el vicepresidente Mike Pence dé un discurso el lunes próximo en la Fundación para la Defensa de las Democracias, un grupo que lidera la oposición contra el gobierno de Teherán, donde describirá la política del gobierno respecto de Irán.

Pompeo es un enérgico defensor del presidente en general y del ataque en particular, pero sus declaraciones y las de otros funcionarios como el secretario de Defensa, Mark T. Esper, han entrado en contradicción con las del presidente. Cuando Trump amenazó con atacar sitios culturales iraníes, una violación de la ley internacional, Pompeo insistió que ese no era su objetivo, mientras que Esper dejó en claro cuidadosa pero inequívocamente que las fuerzas militares no lo harían.

Pompeo es un enérgico defensor del presidente en general y del ataque en particular, pero sus declaraciones han entrado en contradicción con las del presidente mismo.

Los interrogantes más amplios todavía giran en torno de los planes generales de Trump en Medio Oriente. El mandatario pasó de prometer un retiro de la presencia norteamericana en la región -denunciando el desastre de la intervención estadounidense desde la decisión de Bush de invadir Irak en 2003- a un refuerzo de la intervención militar amenazando con una nueva guerra si Irán cometía un acto fuera de lugar.

Hasta los mejores amigos de Trump en la región están tratando de descular hacia dónde se dirige a esta altura el presidente norteamericano. El lunes, Trump se reunió en secreto en la Casa Blanca con un alto funcionario de Arabia Saudita que estaba de visita y habló por teléfono con el emir de Qatar. Ninguna de ambas conversaciones fue revelada por la Casa Blanca hasta que fueron informadas por los otros países.

Shalom Lipner, ex asesor de siete primeros ministros israelíes, dijo que hasta el primer ministro Benjamín Netanyahu, uno de los más férreos aliados del presidente norteamericano en Medio Oriente, se había quedado "helado" con la última acción de Trump, pues había asumido que el presidente norteamericano no tomaría acciones decisivas contra Irán durante este año.

"Ahora todo el mundo se devana la cabeza tratando de descifrar las intenciones de Trump", dice Lipner. "Y lo que todos temen es que este sea el tiro de gracia de Trump antes de abandonar definitivamente la región y dejar que los aliados de Estados Unidos se arreglen solos".

 

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