Adicto a guardar y guardar emociones toxicas

Limpia los cajones del armario de tu cuarto, el garaje, deshazte de lo que tú no necesitas, de lo que ya no usas más. La actitud  de guardar un montón  de cosas inútiles, amarra tu vida. No son los objetos guardados los que estancan tu vida, sino el significado de la actitud de guardar, ya que cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia.

 

El reflejo de las emociones

                Con los años he aprendido a leer la mirada de las personas, conozco las líneas de expresión, sé lo que reflejan, lo que sienten y cómo andan en su interior; con los años puedo ver hasta el fondo del fondo de una persona, detecto su dolor, su pasado y sus heridas del alma, veo que una gran mayoría de la gente que me topo y con quien convivo, reflejan en su cara y en sus posturas, un cúmulo de emociones guardadas, emociones como tristeza, nostalgia, frustración, culpa, resentimientos, orgullo, ira reprimida, miedos, odio, sed de venganza, aburrimiento, hastió, conformismo, dolor y depresión.- Caras vemos, emociones no sabemos, mañas menos.

 

La cultura de guardar

Y como yo, no son abiertos, están llenos de máscaras y aparentan ser de una manera, cuando en realidad son de otra; vaya, cuando alguien te traiciona o te decepciona, en ese momento estás viendo que es auténtico, que así como se ha manifestado, así era; lo que quiere decir es que se puso máscaras y esas máscaras se las quitó de tajo y enseñó el cobre, como diría mi abuela doña Aurora.

                Todos traemos una cruz al hombro, solo que unos de algodón y otros de plomo, todos tenemos una historia y queremos llevarnos nuestros secretos de estado, nuestro pasado y dolor a la tumba; poca gente tiene la virtud de abrirse y sincerarse consigo mismo, y en lugar de expresarse, la tendencia es guardar y guardar emociones, energía negativa que tarde que temprano te hace una persona tóxica, desde niños se nos enseña a guardar.

 

Le habla un billete de mil pesos

                Era presidente de México José López Portillo. Por aquellos años comencé a escribir y a escribir, recuerdo que desarrollé una novela política que titulé “El Reloj”, cuyo personaje principal era don Samuel Chávez Alicante, el relojero de un pueblo minero, hombre culto, filósofo, dicharachero y ecuánime. Me apasioné tanto con el personaje, que me cautivó, y le tomé admiración y cariño. Por ello, cuando nació mi hijo, hace 38 años, le puse por nombre Samuel. Hoy mi Samy es un extraordinario ser humano a quien amo y respeto. Es líder, un empresario nato, creativo, sencillo y con un alto espíritu de lucha: Admirable. Luego escribí la vida de un billete de mil pesos, él narraba sus cambios de mano en mano, describía cómo había llegado de un lado a otro, cómo eran sus dueños, sus mañas y características; hablaba también de la corrupción en México, y el billete andaba circulando muy aceleradamente, por lo que platicaba con lujo de detalles lo que vivía con cada uno de sus dueños momentáneos y sobre los lugares que recorría. Así, de un mesero pasó a las manos de un billetero de lotería, de ahí llegó como cambio al bolsillo de un senador de la República, casi de inmediato estuvo en la bolsa de una mujer de la vida galante, quien a su vez se lo entregó en pago a la casera de la vecindad donde vivía. La casera se lo dio a un marihuano, el marihuano perdió el billete, y así anduvo rondando, hasta que un campesino se lo encontró en la calle y lo dio como “mordida” a un burócrata de la Reforma Agraria. Posteriormente, en una boda, el burócrata lo pincha con un alfiler y lo coloca en el velo de una novia. De ahí, el velo junto con todos los billetes le hicieron compañía en una caja, que fue guardada en un armario.

 

Si los billetes hablaran de la vida de sus dueños… ¿Imagínate?

                Durante más de un mes, el billete se aburrió y comenzó a hacer un inventario de todas las cosas viejas e inútiles que había en ese lugar, así como de esas cosas que por inercia o por costumbre hereditaria se nos da de ir guardando, hasta llenar de porquería y media los guardarropas, armarios o closet en el inventario, el billete anotó: unos binoculares rotos del año de la canica, dos cámaras fotográficas, un tocadiscos de acetatos, botas vaqueras, cinco pares en total; una colección de bolsas  de mujer,  por supuesto, abrigos, trajes del año de la inquisición, cintos, una bolsa con recortes de periódicos, recetarios de cocina, cajas de regalos con moños, una escopeta antigua, palos de golf, una raqueta de tenis, un par de “pants” que sólo se usaron una vez, velices, maletas y maletitas llenas de monjitas; anotó también una bolsa con calcetines sin pares, zapatos de bebé, muñecas, juguetes, botellas de vino tinto, un bote con cacahuates rancios, el vestido de novia, una caja con fotografías todas revueltas, dos video caseteras descompuestas, así como un montón de películas en Beta, un cofre con monedas de cobre, una que otra de las antiguas, lentes, un sombrero de charro y un montón de objetos caducos y estorbosos, que en su conjunto, hacían de este closet, un armario obsoleto 614 256 85 20.

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